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De los escritos de
La Sierva de Dios, Luisa Piccarreta

Alejandra Acuna's Presentation on Mary, Queen of the Divine Will, Pt. 1, Month of Mary Tribute!

Mary, "To Know Her and To Love Her" with Steve Faucher

Mary, "To Know Her and To Love Her" with Steve Faucher

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1. Introduction to Our Blessed Mother...

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2.  Mary, "To Know and To Love Her"

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3. Mary, "To Know and To Love Her"

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01:23:16
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Steve Faucher presents a teaching on the Blessed Mother every other Tuesday at 7:00 PM EST.

Música de Audiomachine

01 Prologue_ Birth
00:00 / 04:42
26 Final Hope
00:00 / 02:35
04 Existence
00:00 / 04:12
12 Eternal Flame
00:00 / 04:10

26 de septiembre de 1899

Oposiciones a la escritura. Cómo la Santísima Virgen es un portento de gracia. Visión abstractiva y visión intuitiva.

Esta mañana, al venir mi adorable Jesús, me llevó fuera de mí, pero con gran dolor mío lo vi de espaldas, y por más que le rogué que me dejara ver su santísimo rostro, fue imposible. En mi interior seguía diciendo: 'Quién sabe si será por mis oposiciones a la obediencia a escribir que Él no se digna mostrar su adorable rostro'. Y mientras decía esto, lloré. Después de dejarme llorar, se giró y me dijo: “No tomo en cuenta tus oposiciones, porque tu voluntad está tan identificada con la Mía, que no puedes querer sino lo que Yo mismo quiero. Así, aunque te resulte repugnante, al mismo tiempo te sientes atraído a hacerlo como por un imán; por tanto, vuestras repugnancias no sirven más que para hacer más embellecida y luminosa la virtud de la obediencia. Por eso los ignoro”.

Después miré Su bellísimo rostro, y en mi interior sentí un gozo indescriptible; y volviéndome hacia Él, dije: 'Dulcísimo Amor mío, si tanto me deleito en mirarte, ¿qué habrá sido para nuestra Mamá Reina, cuando te encerraste en su purísimo vientre? ¿Qué contentamientos, cuántas gracias no le diste?' Y Él: “Hija mía, fueron tales y tantas las delicias y las gracias que en Ella derramé, que basta decirte que lo que Yo soy por naturaleza, por gracia se hizo Madre nuestra; más aún, que Ella no tenía pecado, y por eso mi gracia podía señorear libremente en Ella. No hay nada de mi Ser que no le haya dado a Ella”.

En ese instante me pareció ver a nuestra Reina Madre como si fuera otro Dios, con esta única diferencia: que en Dios esta es su propia naturaleza, mientras que en María Santísima es gracia adquirida. ¿Quién puede decir cuán estupefacto quedé? ¿Cómo se perdió mi mente al ver un portento de gracia tan prodigioso? Entonces, volviéndome hacia Él, le dije: 'Mi querido Bien, nuestra Madre tuvo tanto bien porque Tú te dejaste ver intuitivamente.

Me gustaría saber: ¿cómo te muestras a mí, mediante visión abstracta o intuitiva? Quién sabe si es siquiera abstracto. Y Él: “Quiero hacerte entender la diferencia que hay entre uno y otro. En lo abstractivo, el alma contempla a Dios, mientras que en lo intuitivo entra en Él y obtiene gracias, es decir, recibe en ella la participación en el Ser Divino. ¿Cuántas veces no has participado de mi Ser? Ese sufrimiento, que parece casi natural en ti; esa pureza por la cual llegas a sentirte como si no tuvieras cuerpo, y muchas otras cosas, ¿no te lo he comunicado Yo cuando te he atraído hacia Mí intuitivamente?” ¡Ah, Señor, es tan cierto! Y yo, ¿qué gracias te he dado por todo esto? ¿Cuál ha sido mi correspondencia? Me sonrojo con sólo pensarlo. Pero ¡oh, por favor! Perdóname, y que se sepa, en el Cielo y en la tierra, que soy objeto de tus infinitas misericordias.

21 de noviembre de 1899

Jesús quiere deleitarse en reflejarse en Luisa, que es ayudada por la Santísima Virgen.

Esta mañana, apenas vino, mi amadísimo Jesús me dijo: “Hija mía, todo tu placer debe ser reflejarte en Mí. Si haces esto siempre, retratarás todas mis cualidades, mi fisonomía y mis propios rasgos dentro de ti; y Yo, a cambio, encontraré todo mi gusto y el más alto contento en deleitarme en reflejarme en ti”.

Dicho esto, desapareció y yo estaba meditando en mi mente las palabras que acababa de decirme. De repente volvió, poniendo su santa mano sobre mi cabeza; y volviendo mi rostro hacia Él añadió: “Hoy quiero deleitarme un poquito al reflejarme en ti”.

Un escalofrío recorrió toda mi cintura, un susto tal que sentí que me moría, porque vi que Él me miraba fijamente, queriendo deleitarse en mis pensamientos, miradas, palabras y en todo lo demás, reflejándose en mí. . Seguía repitiendo en mi interior: '¡Oh! Dios, ¿soy objeto apto para dejarte deleitar o para amargarte?' Mientras tanto, nuestra querida Mamá Reina vino en mi auxilio, llevando en sus manos un vestido de un blanco puro, y toda amorosa me dijo: “Hija, no temas; Yo mismo quiero compensaros revistiendo con mi inocencia, para que, al reflejarse en vosotros, mi Hijo encuentre el mayor deleite que se puede encontrar en una criatura humana”.

Entonces me vistió con aquel vestido y me ofreció a mi querido Bien Jesús, diciéndole: “Acéptala por consideración a mí, oh querido Hijo, y deléitate en ella”. Entonces todo temor desapareció de mí, y Jesús se deleitaba en mí, y yo en él.

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